Visión general y estilos

 
 

Las carreteras


Las carreteras construidas en Puerto Rico durante la segunda mitad del siglo 19 siguieron el ampliamente utilizado sistema macadam o macadán, consistente en colocar sobre un sustrato debidamente preparado varias capas de piedra machacada, afirmadas inicialmente por rodillos tirados por bueyes y luego por el tráfico normal de la carretera. La superficie tenía un declive hacia ambos lados, donde las cunetas recogían el agua de lluvia. La primera carretera así construida en Puerto Rico conectó para mediados del siglo 19 a San Juan con Río Piedras y más tarde con Caguas. Este tramo se convirtió en el primer segmento de la Carretera Central o Carretera número 1, que conectó a la capital con Ponce pasando por Caguas, Cayey, Aibonito, Coamo y Juana Díaz.


A lo largo de la Carretera Central (hoy Carr. 1 de San Juan a Cayey y Carr. 14 de Cayey a Ponce) hay dieciséis casillas de camineros construidas por el gobierno español. Hay dos casillas adicionales a lo largo de un trozo de la Carretera número 2 entre Bayamón y Toa Baja, una en Mayagüez y dos entre Mayagüez y San Germán, en un segmento de lo que se proyectaba como la Carretera número 3 entre Mayagüez y Ponce. Otras tres casillas ubican  a lo largo de la Carretera 15 (antes Carr. 4) entre Cayey y Guayama, y hay dos entre Ponce y Adjuntas, en un trozo de la Carretera 123 (antigua Carretera 6). Las carreteras construidas hasta el 1898 y la ubicación actual de las casillas españolas se ilustran en los mapas reproducidos a continuación. El primero se tomó del Informe del Comisionado del Interior de Puerto Rico para los años 1918 a 1919. Una versión interactiva del segundo puede accederse en este enlace.


Los camineros


El sistema de mantenimiento de carreteras utilizado en España e implantado en Puerto Rico dependía de trabajadores diestros, conocidos como camineros o peones camineros, que recorrían a diario la vía para identificar y reparar prontamente el daño causado por el tráfico y la lluvia. Cada caminero era responsable de mantener aproximadamente tres kilómetros de vía. El caminero se regía por un reglamento estricto y vestía un uniforme en el que se destacaba una ancha banda blanca de cuero (bandolera) que cruzaba diagonalmente el pecho y en la cual iba insertado un escudo de bronce con las iniciales P. C. (peón caminero). Era importante identificar al caminero, porque además de cumplir las obligaciones propias de su cargo, podía intervenir a modo de policía con sospechosos de dañar la vía, alterar la paz o cometer fechorías. Los camineros de un tramo de carretera eran supervisados por un capataz y estos a su vez por un capataz de mayor jerarquía conocido como sobrestante.


 


Casilla 2 de Ponce. Nótese el caminero en la puerta, con sombrero y la bandolera blanca que le cruza el pecho. El uniforme cambió bajo la soberanía estadounidense. Foto tomada alrededor de 1895 por Feliciano Alonso.


Las casillas


Los camineros vivieron en casas ubicadas aproximadamente cada seis kilómetros a lo largo de la carretera. Todas las casillas construidas a partir de 1875, con la excepción de una, fueron diseñadas para albergar a dos camineros (usualmente un caminero y un aprendiz) con sus respectivas familias. Uno de los camineros mantenía tres kilómetros de carretera en una dirección y el otro hacía lo mismo en la otra, de modo que entre dos casillas consecutivas se mantenían los seis kilómetros que las separaban.


El esqueleto de la casilla se compone de cuatro gruesas paredes de mampostería (piedras unidas por una mezcla de cal, arena y agua) y, en el modelo más frecuente, una pared media longitudinal del mismo material. Las paredes secundarias, el arco del pasillo, el área alrededor de las puertas y las ventanas, y varios otros elementos se hicieron de ladrillo. La piedra puede ser caliza o volcánica, dependiendo de los materiales disponibles en el área. Algunas casillas fueron empañetadas por fuera mientras que en otras se dejó la piedra expuesta.


Una de las paredes laterales continuaba hacia atrás para formar la pared principal de  un cobertizo donde estaba el escusado (retrete o letrina), separado por una pared de ladrillos del área de cocina, que contenía un fogón de ladrillos que quemaba leña. El cobertizo, techado de tejas o planchas de cinc colocadas sobre un soporte de vigas y alfarjías, también podía servir de cuadra y almacén de herramientas. Cerca de la casa había un aljibe (cisterna subterránea) para almacenar el agua de lluvia que recogía el techo. Las casillas ocupaban un solar de aproximadamente media cuerda (dos mil metros cuadrados) que los camineros podían cultivar. La propiedad completa estaba rodeada por una verja de alambre.


El piso del vestíbulo, pasillo y escusado era de cemento, mientras que el de las salas y los cuartos era de pino resinoso (pichipén, de pitch pine). Como es de esperarse, los pisos de madera han sido sustituidos a través de los años. Las puertas y las ventanas se hicieron de maderas locales o de pichipén, mientras que los marcos se hicieron de ausubo u otra madera duradera. El techo empleado en todas las casillas fue el de azotea, compuesto por vigas y alfajías de ausubo, úcar u otra madera fuerte, por encima de las cuales se colocaban generalmente tres capas de ladrillos, cada una orientada a 45 grados con respecto a la otra.


El sistema de camineros fue suspendido en el año 1905, pero ante el rápido deterioro de las carreteras fue restablecido en el 1914 y duró hasta mediados de la década de 1950. Durante su segundo periodo se construyeron más de cien casillas de cemento con techo de cinc. Por la poca durabilidad de tales estructuras y su nulo valor arquitectónico, estas casillas no han sido incluidas en estudios anteriores y no se incluyen aquí. Muchas han sido destruidas o incorporadas a viviendas.


Estilos de casillas


En este trabajo se reconocen cuatro estilos o modelos de casillas. El primero, propuesto por el Ing. Raimundo Camprubí y oficializado por Real Orden del 13 de abril de 1875, corresponde a una casilla rectangular con medidas aproximadas de 49 por 29 pies. Estas casillas se identifican externamente por las siguientes características: el borde superior de los huecos de la puerta de entrada y de las dos ventanas anteriores es curvo, los huecos de las ventanas no alcanzan la base o zócalo del edificio, hay una franja ancha de ladrillos desde el borde superior de la puerta de entrada hasta el borde superior del pretil, y la cornisa se prolonga hacia atrás sólo una corta distancia por las paredes laterales, estando ausente en la pared posterior. La puerta de entrada conecta a un recibidor o vestíbulo que sigue por un pasillo hasta la puerta trasera. A ambos lados de esta línea media hay dos apartamentos idénticos, cada uno con una sala comedor en la mitad anterior y dos cuartos iguales en la mitad posterior; se entra a cada apartamento por una puerta que abre al vestíbulo. En este modelo la sala comedor conecta con los dormitorios por una puerta que abre a uno de los cuartos, donde hay otra puerta que lleva al segundo cuarto. La pared que separa los dos cuartos  no llega al techo. Este modelo se usó para las casillas construidas entre Juana Díaz y Aibonito, y entre Cayey y Caguas.


El segundo estilo deriva del anterior y se distingue por una serie de cambios para refinarlo y mejorarlo. Externamente, los bordes superiores de los huecos de la puerta de entrada y de todas las ventanas son rectos, las ventanas se extienden  hasta el zócalo del edificio, se eliminó la franja de ladrillos sobre la puerta de entrada y la cornisa rodea el edificio. Internamente, cada cuarto tiene su propia puerta hacia la sala y la pared que los divide llega hasta el techo. Este modelo se usó para todas las demás casillas construidas en la isla, con excepción de las pertenecientes a los próximos dos estilos.


El tercer estilo también deriva del primero y al mismo solo pertenece la casilla de Guaynabo. El Ing. Manuel Maese alteró el modelo oficial para acomodar un solo caminero, probablemente porque las antiguas casillas que persistían entre San Juan y Caguas eran todas para un caminero. Este estilo contó con cuatro espacios (sala, dos dormitorios y una cocina) ubicados a ambos lados del pasillo central. La planta es cuadrada (30 por 30 pies) en vez de rectangular.



Al cuarto estilo pertenecen las c
asillas de la Carretera 15 (antes Carr. 4) entre Cayey y Guayama. Una pared divide la casilla en dos mitades, quedando cada vivienda con su propia puerta de entrada. De esta forma se aprovechó el espacio ocupado por el vestíbulo y el pasillo en los modelos anteriores. La puerta conduce a una sala comedor que comunica con los tres cuartos y con un volumen adosado. Este último se dividió en dos espacios desiguales separados por una pared. En el espacio más pequeño se ubicó el escusado, que ventiló al exterior por un hueco circular (ojo de buey) y en el más grande se ubicó la cocina, cuyo humo salía por una chimenea. La puerta posterior de la cocina daba acceso al patio de la casilla. Estas casas gemelas o dúplex miden aproximadamente 60 pies de largo por 27 pies de ancho y no tienen cobertizo adosado.


Conservación


Dos realidades saltan a la vista cuando evaluamos la condición de las casillas de camineros. Primero, las que están en mejor condición son aquellas que están en uso. Las casillas, como cualquier otra casa, tienen que abrirse y usarse regularmente para mantenerlas limpias y evitar que las invadan los hongos y las termitas que destruyen la madera. Los techos tienen que inspeccionarse regularmente para eliminar no sólo las filtraciones de agua que pudren las vigas y las alfarjías, sino también para evitar el crecimiento de árboles y otras plantas cuyas raíces penetran entre los los ladrillos y lentamente destruyen el techo y las paredes. Segundo, todas las casillas que están bajo la custodia del Departamento de Transportación y Obras Publicas están en ruinas o clausuradas y en franco deterioro. Aunque esta situación seguramente se debe a limitaciones presupuestarias y no al descuido deliberado, sigue siendo un hecho que parte de nuestro patrimonio cultural se deteriora y se destruye en manos de las agencias que deberían salvaguardarlo.


Para que las casillas de camineros puedan conservarse para el disfrute de futuras generaciones, es necesario que el Instituto de Cultura oriente a los dueños de las casillas privadas sobre el valor histórico de estas estructuras y sobre la necesidad de cuidarlas y repararlas utilizando los materiales correctos. Igualmente importante es que el gobierno reconozca que no tiene los medios para conservar adecuadamente las casillas que posee y que debe permitir que municipios, asociaciones cívicas o ciudadanos comprometidos con la conservación puedan comprarlas, alquilarlas o recibir un permiso de uso condicionado a que se mantenga la integridad arquitectónica y física de estos edificios. Aunque el gobierno quiera mantener control de sus casillas para protegerlas, si el abandono sigue no quedará nada que proteger.




Planta del modelo 2 (tomada de Rivera-Ruiz, 2001). Obsérvese la presencia de una sola entrada (abajo en el centro) y del pasillo que divide la casa en dos viviendas, cada una con una sala y dos cuartos. Nótese además la presencia del cobertizo adosado a la pared posterior; en el espacio pequeño estaba el escusado o letrina, en el espacio grande estaba la cocina (fogón). La planta del estilo 1 es igual excepto que el acceso a los cuartos laterales es a través de los cuartos del medio.



Planta del modelo 4 (tomada de Rivera-Ruiz, 2001). Obsérvese que una pared divide la casa en dos viviendas, cada una con su propia entrada (abajo en el centro de cada una) y con sala más tres cuartos. En el volumen adosado a ambos extremos de la casa está el escusado, separado de la cocina (fogón) por una pared que no se incluye en el diagrama.