Loíza

 

Parroquia

Espíritu Santo y

San Patricio


  1. En el 1645 había una ermita que para 1729  se había convertido en la iglesia actual.

  2. El templo fue reparado en el 1798, 1821, 1869 (para reparar los daños ocasionados por el terremoto de 1867) y 1955 (cuando se añadió la sección del coro).

  3. Se restauró por última vez en el  2000.


Fotos adicionales

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Capital de la tradición

Según algunos historiadores, el nombre de este pueblo recuerda a la Cacica Yuisa (Luisa según su  nombre cristiano). Según otros, deriva del poblador Iñigo Cervantes y Loayza, quien fue dueño de terrenos en esta región.


Este territorio fue poblado muy temprano durante la colonización. Los indios que lo habitaban fueron obligados a extraer oro del Río Cayrabón o Cayniabón (Río Grande de Loíza). La solicitud para fundar un pueblo se radicó en 1690 y el permiso se concedió en 1719. El pueblo fue anexado a Río Grande en el 1902 pero recobró su independencia en el 1905. Entre 1909 y 1969 la alcaldía del pueblo se mudó al Barrio Canóvanas y Loíza pasó a llamarse Loíza Aldea. Los habitantes protestaron durante años y en el 1969 se optó por crear dos municipios: Canóvanas y Loíza.


La economía dependió por mucho tiempo de la agricultura, la ganadería y la pesca. El turismo, el comercio, la producción de frutos menores y el recogido de cocos son componentes importantes de la economía actual. El Centro Cultural Loaiza, el Paseo Julia de Burgos y el Museo de las Máscaras son algunas de las atracciones de este municipio. Los amantes de la naturaleza disfrutarán el Bosque Estatal de Piñones (con sus manglares, lagunas y bosque de palo de pollo), la Cueva María de la Cruz y las vistas del Río Grande de Loíza (el más caudaloso de Puerto Rico). Hay varias playas a lo largo de la amplia costa de este municipio, dos de las más conocidas son la Playa Aviones y la Playa de Piñones.


Castor Ayala (maestro artesano), Ramón Suarez  (médico y fundador del Hospital Mimiya) e Iván Calderón (pelotero) son loiceños ilustres. El municipio se conoce también como los Santeros (por la práctica centenaria de la santería) y los Cocoteros (por la abundancia de palmas de coco en su costa). El renombre de Capital de la tradición se debe al empeño que han puesto sus ciudadanos por mantener vivas las tradiciones y la herencia africana de la región, evidente en la música, las comida y las artesanías (especialmente las máscaras multicolores hechas de cáscara de coco).