Lagartijo inteligente

 
 

Los estudiosos del comportamiento animal sospechaban que la capacidad para enfrentar una situación nueva y encontrarle solución rápidamente se limitaba a las aves y los mamíferos, que no sólo tienen cerebros más grandes sino que viven en ambientes cambiantes y complejos que exigen un comportamiento más complejo. Nuestro lagartijo verde ha demostrado que no es así. En estudios realizados en la Universidad de Duke, ejemplares de A. evermanni aprendieron rápidamente a levantar la tapita de un pequeño recipiente para comerse una larva escondida. Algunos lagartijos levantaron la tapita embistiéndola con el hocico, mientras que otros mordieron la tapita para levantarla. También demostraron que podían recordar bajo cuál de las tapas se encontraba el alimento si se colocaba cerca una tapa de otro color.


Anolis evermanni es una de nuestras once especies autóctonas de lagartijos. Vive en bosques y arboledas húmedas desde cerca del nivel del mar hasta las montañas de la cordillera. Su color verde esmeralda, que dicho sea de paso lo distingue de todas las demás especies (excepto de A. cuvieri, que es mucho más grande), puede cambiar cuando se le molesta a una tonalidad parda casi negra, pasando por la fase verde-amarillenta que exhibe el ejemplar de la fotografía, aparentemente molesto por la insistencia del fotógrafo. Ahora que sabemos que los lagartijos son más inteligentes de lo que se pensaba, ¿quién quita que también puedan molestarse?

Dando una vueltita, buscando qué fotografiar en El Yunque, encontré a este bello lagartijo. Su color verde brillante lo hizo resaltar sobre la superficie de madera. No fue fácil tomar la foto porque era bastante arisco y no le gustaba que me acercara mucho. Pero luego de varios intentos se dio por vencido y se dejó retratar. Nikon D90, 105 mm macro, ISO 200,  1/200 s, f/10, flash anular.

Anolis evermanni