Lagarto verde

 
 

Ese ojo pardo de fija mirada, esos párpados amarillentos y esas escamas de variadas formas pertenecen a la más grande de nuestras once especies de lagartijos. Conocido como lagarto verde o chipojo, A. cuvieri mide unas cinco pulgadas sin contar su largo rabo. Vive en áreas boscosas húmedas, desde las montañas hasta las regiones bajas de la isla, pasando todo el tiempo en los árboles. Allí busca los insectos, gongolones, caracoles, lagartijos más pequeños, pichones jóvenes y frutas que le sirven de alimento. En los árboles también, como los demás lagartijos, el macho hace señas con la gaita que tiene debajo de la garganta.


Nos dice el Dr. Juan A. Rivero en Los anfibios y reptiles de Puerto Rico que el lagarto verde fue muy temido en antaño, más aún que las serpientes. Se creía, entre otras supersticiones, que su mordida era mortal y que para salvar la vida era necesario cruzar tres ríos rápidamente. Se decía además que el lagarto verde lamía la sangre de las personas mordidas y que solamente soltaba su tenaz mordida para vomitar la sangre ingerida. El temor por este lagartijo fue inmortalizado por Luis Palés Matos en su poema Lagarto Verde. En el mismo Palés cuenta sobre un  niño aristócrata muy fino y de impecables modales que pierde toda su compostura ante la mera mención del lagarto verde: ¡Ah pero su alteza, jamás oséis decir lagarto verde, pues perdiendo al instante la cabeza todo el fino aristócrata se pierde!

Este bello lagarto verde se lanzó sobre mi caseta durante un campamento en Utuado. Luego de tomarle varias fotos de cuerpo entero, me sorprendió que se quedara tan quieto y me acerqué poco a poco hacia él, llamándome la atención las escamas de su ojo. Fascinante que se dejara retratar de tan cerca. Nikon D90, 105 mm macro, ISO 200,  1/60 s, f/16, flash anular.

Anolis cuvieri