Culebrón y murciélagos

 
 

Con hasta siete pies de longitud, el culebrón o boa puertorriqueña es nuestra serpiente más grande. No la vemos a menudo porque vive en bosques húmedos y pasa buena parte del tiempo sobre la vegetación. Cuando baja al suelo su color pardo la camufla tan bien que se torna visible sólo cuando se mueve. Los culebrones adultos se alimentan de murciélagos, pájaros y roedores. Como su mordida no es venenosa, el animal muerde a la presa, la rodea inmediatamente con el cuerpo y la constriñe hasta asfixiarla. Luego la traga completa, sin masticar. La boa puertorriqueña es bastante dócil, pero cuando se le acorrala se enrosca hasta formar una bola, silba y finalmente se tira hacia el frente lista para morder.


Uno de los comportamientos más interesantes del culebrón es su técnica para cazar murciélagos. Como no puede trepar por las paredes para capturarlos en el techo de la cueva, la boa se cuelga de las rocas o de la vegetación frente a la entrada y espera a que en la penumbra del atardecer, cuando los murciélagos salen a alimentarse, alguno choque con su cuerpo. La mayor parte de los roces son leves y la boa no tiene tiempo para reaccionar, pero si el murciélago choca y se detiene un instante, el culebrón inmediatamente lo muerde y lo envuelve. Este comportamiento es tan frecuente entre las boas que viven en la vecindad de una cueva en Arecibo, que la misma se conoce como la Cueva de los Culebrones.

Esta boa fue descubierta por Danny Lugo durante una visita a Cueva Tuna, una espectacular caverna en las montañas de Cabo Rojo. Los ojos uniformemente iluminados son producto de la interacción entre el flash y una capa opaca que cubre los ojos de las culebras cuando se aprestan a mudar la piel. Nikon D90, 105 mm macro, ISO 400,  1/125 s, f/4.5, flash anular.

Epicrates inornatus