Imitadora de cobras

 
 

Si has encontrado una culebra cerca de tu casa, quizás en una verja de metal eslabonado, en un arbusto o entre los tiestos de la terraza, es casi seguro que se trate de esta especie, pues abunda en los solares baldíos y las franjas de bosque cercanas a muchas zonas residenciales. Es autóctona de Puerto Rico, está ampliamente distribuida en la isla y con una longitud máxima de unos 3.5 pies es nuestra segunda serpiente más grande, luego de la boa puertorriqueña. Merodea durante el día en búsqueda de los lagartijos y las ameivas o siguanas (comúnmente llamadas iguanas) que componen la mayor parte de su dieta. También captura ratones, pichones y coquíes. En cautiverio puede alimentarse casi exclusivamente de ratones blancos.


Conocida en inglés como Puerto Rican racer, por la velocidad con que se desplaza por el suelo cuando escapa de algún peligro, esta culebra sigue sigilosamente a su presa hasta que con un movimiento súbito la muerde y la sujeta hasta que el veneno la paraliza. Luego la ingiere completa, sin masticarla. Aunque el veneno sólo es mortal para sus presas, las personas alérgicas deben evitar la mordida. Esta serpiente no sólo tira a morder cuando se le acorrala, sino que se levanta del suelo y expande la piel del cuello como una cobra. Así, erguida, imitando a una cobra, sigue de lado a lado el movimiento del agresor y se impulsa sin miedo hacia el frente para morder.

Esta serpiente esperaba al lado del microscopio electrónico temprano una mañana. Me sorprendió encontrarla allí, aunque varios otros animales han entrado al edificio desde el bosque aledaño. Para obtener el fondo negro, cerré mucho la apertura del lente y usé un poco de luz del flash. Nikon D90, 105 mm macro, ISO 100,  1/200 s, f/29, flash anular.

Borikenophis portoricensis