Muchas patas

 
 

La hojarasca contiene una biota fascinante que pocas personas conocen. En este mundo oscuro de materia en descomposición, temperaturas estables y humedad alta se desarrolla un ecosistema complejo que tiene como fuente de energía las hojas que dejan caer los árboles y las palmas. En este mundo las bacterias y los hongos son alimento de ácaros, colémbolos, tijerillas, hormigas, escarabajos y muchos otros animalitos que a su vez son presa de otros más grandes. Los depredadores más temidos en este mundo son los ciempiés; depredadores activos que usan la visión, el olfato y el tacto para encontrar a sus presas, agarrarlas y enterrarles dos colmillos, la punta de los cuales inyecta un veneno mortal.


La Clase Chilopoda contiene unas ocho mil especies de ciempiés. Los más agresivos son los grandes y rojizos que encontramos ocasionalmente debajo de las piedras y en los contadores de agua. Estos pertenecen al suborden Scolopendromorpha y son epimórficos, porque al nacer ya tienen el número final de segmentos y patas. Sphendononema guildingii pertenece al suborden Scutigeromorpha, un grupo de ciempiés anamórficos, porque según crecen y mudan el exoesqueleto añaden segmentos y patas hasta llegar al número final de 15 segmentos y 30 patas. Las patas largas y angulosas le permiten a S. guildingii no sólo correr rápido, sino también girar y cambiar de rumbo instantáneamente. Esta especie pequeña es común a través de Centroamérica, Sudamérica y el Caribe.

La primera vez que vi este animal pensé que había salido de Transformers u otra película de ciencia ficción. No se parecía en nada a los ciempiés que conocía. Sus patas largas, ojos grandes y atractivo color cautivaron mi atención. Canon EOS 60D, 65 mm macro, ISO 100,  1/250 s, f/16, flash anular.

Sphendononema guildingii