Vida de cigarras

 
 

Las cigarras tienen un ciclo de vida muy peculiar. La hembra usa su ovipositor en forma de serrucho para lacerar una ramita e insertar en la misma una hilera de huevos. Varios días después nacen pequeñas ninfas con patas delanteras exageradamente gruesas. Esas patas se usan para cavar en el suelo, donde las ninfas chupan la savia de las raíces. Luego de crecer y alcanzar el tamaño adecuado, las ninfas trepan una noche por el tronco de un árbol, llegan a una rama y permanecen inmóviles. La cutícula o exoesqueleto se raja a lo largo dorsalmente y poco a poco sale del interior una cigarra adulta. En Norteamérica hay dos especies de cigarras que emergen del suelo en masa cada trece o diecisiete años, pero la mayoría tiene ciclos de dos a cinco años.


La primera tarea del adulto es estirar las alas para poder volar, estirar el cuerpo para llegar a su tamaño final y endurecer el exoesqueleto para que se torne rígido e impermeable. Entonces los machos comienzan a zumbar agudamente llamando a las hembras. El zumbido se produce vibrando rápidamente la membrana que cubre dos órganos llamados timbales, ubicados a cada lado del abdomen. Debajo de los timbales están los tímpanos, usados para escuchar el canto de otras cigarras. El macho que canta con mayor insistencia encuentra novia y comienza una nueva generación. Borencona aguadilla es autóctona de Puerto Rico y es la cigarra más común en la isla. Su zumbido es la nota aguda y continua de las noches de Puerto Rico.

Esta cigarra captó mi atención en el Bosque de Toro Negro durante una caminata del curso de fotografía científica. Caminábamos discutiendo técnicas de fotografía nocturna, con linternas en la frente y cámaras en mano. La linterna permite iluminar el sujeto para enfocar y libera ambas manos para operar la cámara. Esta cigarra acababa de emerger y por eso tenía unos colores iridiscentes muy llamativos. Nikon D90, 105 mm macro, ISO 200, 1/200 s, f/36, flash anular.

Borencona aguadilla