Plantas importadas

 
 

Si has visto una planta desde la niñez es natural concluir que siempre ha estado aquí, que es nativa de nuestra isla. ¿Quién no se identifica con la belleza del flamboyán y lo considera  tan nuestro como el coquí? ¿O con la palma de coco, icono de nuestras hermosas playas? Pero ninguno de los dos es de aquí. El primero es nativo de Madagascar y la segunda del Océano Pacífico. Tampoco son nuestros el tulipán africano o meaíto, nativo del trópico africano; el mangó, traído de Asia alrededor del 1750; la pana, oriunda de Indonesia, Nueva Guinea y algunas islas del Pacífico; la quenepa, nativa de Colombia y Venezuela; el guineo, inmigrante del sureste de Asia; la caña de azúcar, traída al Nuevo Mundo desde las Islas Canarias; y el café, nativo del este de África.


El flamboyán alcanza los cincuenta pies de altura, con tronco de dos pies de diámetro. Su amplia copa tiene forma de sombrilla y es frecuentemente más ancha que la altura del árbol. Las hojas miden hasta veinte pulgadas de largo y tienen más de mil hojuelas. Las flores, que también pueden ser amarillas, miden hasta cinco pulgadas de ancho y aparecen en ramilletes terminales. Las frutas son vainas duras, parecidas a machetes, de hasta dos pies de largo, que abren por ambos lados para liberar semillas largas que germinan fácilmente. Las flores aparecen desde la primavera hasta comienzos de otoño y el árbol generalmente tiene frutas durante todo el año. El nombre de la especie significa real o excepcional, en referencia a la incuestionable belleza de sus flores.

Encontré esta bella estampa una tarde nublada en el Lago Luchetti en Yauco.  Cuando se toman fotos de paisajes es recomendable tener algunos elementos al frente (como el flamboyán) para darle  sentido de profundidad a la escena. Nikon D40x, 18-55 mm (18 mm), ISO 400,  1/20 s, f/10, luz natural.

Eucalyptus deglupta

Delonix regia