Somos animales

 
 

El padre de la taxonomía, Carlos Linneo, tuvo la osadía en el 1735 de colocar al hombre entre los animales, ubicándolo con los simios en el grupo Antropomorpha. Algunos protestaron porque clasificar al hombre con los animales reducía su estatus como amo y señor de la naturaleza, otros porque tal acción implicaba que los simios también habían sido creados a imagen y semejanza de Dios. Linneo respondió así a un oponente: “Solicito de usted y del mundo entero una diferencia genérica entre el hombre y el simio que siga los principios de la historia natural. Yo absolutamente no la conozco. ¡Si sólo alguien pudiese darme una!”. El conflicto sobre el origen del hombre se intensificó en el 1859 con la publicación de El origen de las especies y continúa hoy con las discusiones de creación versus evolución.


Pero, ¿puede alguien con un mínimo de educación negar que somos animales? Los animales y el hombre comparten el mismo código genético, es decir las mismas instrucciones para producir las proteínas estructurales que forman los tejidos y las enzimas que controlan las reacciones metabólicas. Compartimos con el chimpancé el 99 por ciento de los genes, es decir las secuencias de bases en el ADN que codifican la síntesis de proteínas. La experimentación médica se realiza con ratas, monos y simios antes de hacerlo con humanos porque los animales reaccionan de modo similar. La próxima vez que alguien te diga animal, permanece callado.

Un safari fotográfico con Martín Rosas por las bahías de Añasco y Rincón terminó en la Playa Domes, donde retratamos varios surfers que disfrutaban las olas. Nikon D90, 150-500 mm (450 mm), ISO 200,  1/640 s, f/8, luz natural.

Homo sapiens