Sapito de labio blanco

 
 

Si en tu diario caminar pasas cerca de áreas con vegetación que regularmente acumula agua, es muy probable que escuches al sapito de labio blanco. Su cantar es un melodioso martilleo, un pink, pink, pink que los machos repiten una y otra vez en su esfuerzo por encontrar novia. Escuchar al sapito es fácil, encontrarlo es todo lo contrario porque deja de cantar tan pronto siente las vibraciones que producen nuestras pisadas y porque su color lo camufla perfectamente. Se sabe que además de detectar nuestra cercanía también detecta vibraciones producidas por otros machos, lo que aparentemente les ayuda a mantenerse distanciados mientras cantan.


Leptodactylus albilabris es nativo de Puerto Rico y las Islas Vírgenes, tanto británicas como estadounidenses. Su nombre común y también su nombre específico derivan de la franja pálida que tiene en el labio superior, justo debajo del ojo. A diferencia de los coquíes, que se desarrollan completamente dentro del huevo, el sapito de labio blanco pasa por una etapa de renacuajo y su reproducción se limita a charcas, quebradas y terrenos inundados. La hembra pone los huevos en un nido de espuma, a menudo bajo de una piedra, y los renacuajos permanecen allí hasta que un aguacero los arrastra hasta el agua. Estos renacuajos son pardos, a diferencia de los del sapo común, que son  negros.

Tomé esta foto gracias a mi amigo, Donato Seguí, quien me prestó el sapito en lo que terminaba una demostración para unos niños. Cuando retraten animales no olviden enfocar los ojos, aquí el flash produjo un reflejo que los resalta aún más. Nikon D7000, 105 mm macro, ISO 400,  1/60 s, f/32, flash anular.

Leptodactylus albilabris