Mangle rojo

 
 

Cuando a nuestras playas llegó Colón no exclamó lleno de admiración por las hileras de palmas de coco, pues entonces no teníamos cocoteros. Más bien vio manglares, millas de costa bordeada por una impenetrable barrera de mangle rojo. Con el tiempo eliminamos la mayor parte del mangle. En la Bahía de San Juan, por ejemplo, los manglares  se rellenaron para expandir la costa y ganarle terreno al mar. En otros lugares desaparecieron porque se consideraban criaderos de los mosquitos que transmiten malaria, filariasis, fiebre amarilla y dengue. Y en otros sitios fue simplemente el deseo de ver las costas limpias y libres de agua estancada. Hoy conocemos del valor del mangle como protector de la costa, centro de biodiversidad y refugio de peces jóvenes.


El mangle rojo es nativo de la costa oeste de África y de las costas tropicales del Nuevo Mundo. Lo reconocemos inmediatamente por sus largas raíces arqueadas que afianzan los árboles y que lentamente los expanden hacia el mar. La segunda característica, igualmente distintiva, es la fruta, que no cae inmediatamente al suelo, sino que germina para producir una larga raíz que cuando mide como un pie de largo cae y flota hasta tocar el fondo, para penetrar y producir una planta nueva. Hoy conocemos mucho mejor al mangle rojo, ya no lo cortamos, hoy lo protegemos como guardián de la costa.

Tomé esta foto en el Refugio de Vida Silvestre de Boquerón. Entre todos los manglares escogí éste por las reflecciones. Si hay agua en la imagen considera las reflexiones, si no te gustan puedes eliminarlas con un polarizador. Nikon D40x, 18-105 mm (70 mm), ISO 400,  1/40 s, f/4, luz natural.

Rhizophora mangle