Maní ornamental

 
 

Los arquitectos paisajistas seleccionan y siembran plantas de distintas especies, tamaños y colores para crear impresionantes obras de arte viviente. Algunas especies se emplean para cubrir el suelo con una alfombra de color, como la grama para producir una sobria tonalidad verde uniforme y el maní ornamental para crear un alegre fondo amarillo y verde. Nativa de Argentina, Brasil y Paraguay, A. glabrata se cultiva en varios países como suplemento alimenticio para caballos, cabras, conejos, gallinas y vacas. Las gallinas que comen sus hojas producen yemas más anaranjadas.


El maní ornamental es pariente del maní comercial (A. hypogaea) y también exhibe el curioso comportamiento conocido como geocarpia. Las flores de ambas especies no abren por completo y se autofecundan, luego de lo cual los pétalos se secan y caen. Acto seguido, el tallo o pedicelo que sostiene la flor crece hacia la tierra, penetra la superficie y siembra las semillas. A través del pedicelo la planta nutre las semillas hasta que se produce un pequeño maní. Aunque el maní ornamental florece en abundancia, sólo un pequeño porcentaje de las flores son polinizadas y la producción de semillas es muy baja. Por esta razón se propaga mediante tallos. Es un maní que no sirve para comer, sino para alegrar los jardines.

Los colores amarillo y verde forman una bella combinación digna de fotografiarse. El reto en esta ocasión fue lograr una exposición donde las florecillas no quedaran sobre expuestas y se perdiera el detalle de los pétalos. Sony DSC-N2, 7.9-23.7 mm (7.9 mm), ISO 100,  1/320 s, f/4, luz natural.

Arachis glabrata