Regreso al mar abierto

 
 

La Clase Chondrichthyes agrupa a los peces que tienen esqueleto de cartílago. El grupo se divide en dos subclases, siendo Elasmobranchii por mucho la más grande. Los elasmobránquios vienen de dos formas principales: cuerpo cilíndrico (tiburones) y cuerpo aplanado (rayas). Al último grupo pertenecen unas 500 especies adaptadas para posarse y nadar cerca del fondo. Sus aletas pectorales y pélvicas se han fundido para producir unas extensiones o alas que sirven para nadar y para evitar que escapen los moluscos y los peces que la raya encuentra sobre el fondo. La cola delgada ha asumido un papel defensivo y en algunas especies (sting rays) posee una espina capaz de causar una dolorosa herida.


La mantarraya ha abandonado el fondo para regresar al mar abierto y alimentarse de plancton. Las dos extensiones de la mandíbula superior le ayudan a dirigir los pequeños organismos hacia la boca. El alimento es atrapado por los rastrillos branquiales y dirigido a la faringe. Como el animal no mastica, sus dientes se han reducido y sólo persisten en la mandíbula inferior, ocultos parcialmente por la piel. La cola es inofensiva. La dieta de plancton, como sucede con el tiburón ballena, le ha permitido crecer mucho: se capturó un  ejemplar midió 25 pies entre las puntas de las alas y pesó cerca de 2900 libras. Hay una sola especie de mantarraya en el Caribe y en todos los mares del mundo, producto de una línea evolutiva adaptada para vivir en el fondo, pero que regresó al mar abierto.

Esta mantarraya fue motivo de gran admiración cuando pasamos por un túnel que atraviesa la pecera más grande del mundo, ubicada en el Acuario de Atlanta, Georgia.  Nikon D90, 105 mm macro, ISO 640,  1/125 s,  f/2.8, luz ambiental.

Manta birostris