Nuestro ojo

 
 

El ojo humano tiene muchas historias interesantes que contar. Las pestañas, por ejemplo, protegen la superficie de partículas, ácaros e insectos. En la esquina del ojo hay dos estructuras carnosas. La primera se llama carúncula y contiene glándulas sebáceas y sudoríparas. La segunda se llama pliegue semilunar y es el remanente de un tercer párpado que algunos vertebrados, incluyendo los tiburones y las gallinas, pueden mover como una cortina de un extremo a otro del ojo para lubricarlo y protegerlo. La esclera o parte blanca de la superficie se compone de tejido conjuntivo fibroso y elástico.


La córnea es transparente y su presencia sobre la parte pigmentada se delata en la foto por el reflejo del flash sobre su superficie. La pupila es el centro negro del ojo; tiene ese color porque la luz que entra al ojo no sale, sino que es absorbida por la retina. El iris se compone de fibras musculares que abren y cierran la pupila para regular la cantidad de luz que llega al interior. El pigmento del iris determina el color de los ojos. Los simios (chimpancés, gorilas y orangutanes) tienen el iris tan grande que la esclera apenas es visible. Nuestro iris, sin embargo, es pequeño y vemos una parte sustancial de la esclera. ¿Por qué? Porque el ojo humano, además de ver, comunica. Y con la esclera blanca haciendo contraste es más fácil entender lo que decimos.

Las revistas de fotografía publican ejercicios sobre técnicas especializadas. Siguiendo instrucciones y modificando un poco la receta logré esta imagen. Sirvió de modelo la estudiante Zullaylee Ramos. Nikon D90, 105 mm macro, ISO 200,  1/200 s, f/29, flash anular.

Homo sapiens