Rana arbórea cubana

 
 

El hombre ha transportado muchos animales de un lugar a otro durante sus viajes y a través del comercio. Algunas, como los canarios, no logran adaptarse a las condiciones de nuestra isla y desaparecen. Otras, como la iguana o gallina de palo, se adaptan tan bien que experimentan una explosión poblacional. Y otras, como la rana arbórea cubana, se propagan lentamente, aumentando o disminuyendo sus poblaciones y sus rangos de distribución conforme a las condiciones ambientales. No sabemos cuándo llegó O. septentrionalis a Puerto Rico, pero se observó por primera vez en el 1959 en Isabela.


Tampoco sabemos cómo llegó, aunque a otros lugares ha llegado en cargamentos de plantas ornamentales. Durante los pasados cincuenta años la especie se ha expandido lentamente hacia el este y el sur, encontrándose ya en Arecibo y Mayagüez. Un factor que limita su expansión es la necesidad de encontrar agua para depositar sus huevos y para que los renacuajos se desarrollen, una barrera que hemos eliminado parcialmente con la instalación de cisternas en tantas casas y negocios. Estas ranas varían en color de gris pálido a verde y pardo con manchas amarillentas. Por sus hábitos arbóreos no es raro encontrarlas en rejas y ventanas de las casas, desde donde el macho emite su poco melodioso rrrrá, rrrrá, rrrrá.

Esta bella rana me la trajo el Dr. Fernando Bird. La primera vez que vi una me sorprendieron sus largos dedos y cómo siendo bastante grande se mantenía pegada a una pared. Tengan cuidado con ella, porque orina para defenderse y el líquido causa picor. Nikon D90, 105 mm macro, ISO 200, 1/200 s, f/16, flash anular.

Osteopilus septentrionalis