Blanco de escopetas

 
 

Sospecho que pocos biólogos disfrutan la cacería. Apuntarle a una paloma para verla caer desde lo alto es muy difícil de justificar, especialmente cuando muchas de estas elegantes presas terminan descartadas y podridas. No obstante, la cacería tiene sus seguidores y en Puerto Rico pueden cazarse legalmente cuatro especies de palomas, generalmente entre  septiembre y diciembre, cuando ha terminado el periodo reproductivo y los polluelos comienzan sus vidas independientes. La paloma turca es la especie más grande y la que con mayor frecuencia cae víctima de las escopetas.


Esta paloma reside todo el año en Puerto Rico. Habita a través de las Antillas con la excepción de las Bahamas y Jamaica. Mide hasta 16 pulgadas. Vive en bosques, fincas y arboledas cercanas a áreas urbanas, donde se alimenta de frutas, semillas y caracoles que remueve de la vegetación o recoge del suelo, aunque rara vez pasa mucho tiempo en el suelo alimentándose. Construye una plataforma de palitos en una rama, sobre una bromelia o entre hojas de palma; sólo en islotes sin depredadores anida en el suelo. Los dos sexos son similares pero la coloración del macho es más intensa. Es un ave muy atractiva que merece observarse y capturarse solamente con una cámara.

Salía de mi trabajo a las 6:30 p.m., cuando escucho un tumulto de aves cantando. Para mi sorpresa eran cuatro pájaros carpinteros, tres palomas turcas, dos zorzales patirrojos y un pájaro bobo menor. Para esta foto usé toda la potencia del flash porque detrás del ave caía el sol y de otro modo sólo hubiese captado siluetas. Nikon D90, 150-500 mm (500 mm), ISO 400,  1/1250 s, f/8, flash externo con “beamer”.

Patagionemas squamosa