Defensas de las plantas

 
 

Las plantas parecen estar indefensas ante los herbívoros. Pero basta con considerar la gran diversidad de plantas que vemos a nuestro alrededor para concluir que deben poseer defensas efectivas. Al grupo de las defensas mecánicas pertenecen las espinas, diseñadas para dificultar que los animales se coman el tejido y para evitar que insectos y otros herbívoros suban por el tronco para llegar a las hojas y las frutas. Al grupo de las defensas químicas pertenecen compuestos que tornan el tejido repulsivo o venenoso. Algunas plantas acumulan en sus frutas verdes compuestos astringentes y muy amargos que se degradan según la fruta madura y se torna dulce. La cafeína, la nicotina, la estricnina y la morfina son alcaloides de defensa que el ser humano usa con otros propósitos.


La palma pejibaye, o palma melocotón, es nativa de Sudamérica. Alcanza los setenta y cinco pies de altura y desarrolla varios troncos de hasta ocho pulgadas de diámetro. Sus frutas maduras son anaranjadas o rojas y miden como dos pulgadas de largo; en Centro y Sudamérica se usan para hacer aceite y harina. También se consumen hervidas, al natural, sazonadas con miel o sal, y en jalea. Por sus frutas competimos con las cotorras, los guacamayos y los pericos. La palma se cultiva también para extraerle el eje central del tallo joven, un tejido blanco que bajo el nombre de palmillo se consumía mucho en Puerto Rico y que hoy es muy apetecido en Brasil.

Tomé esta foto durante un recorrido por la Estación Experimental Agrícola aledaña al RUM. En esta imagen me llamó la atención el patrón formado por las espinas filosas y quebradizas que me gritaban ¡aléjate! Nikon D90, 105 mm macro, ISO 200,  1/200 s, f/7.1, flash anular.

Bactris gasipaes