Pez león

 
 

Cuando una especie llega a un ecosistema nuevo, donde encuentra alimento en abundancia  y no existen los factores que antes limitaban su población, es fácil predecir que sus números aumentarán significativamente. Este es el caso del pez león rojo, una especie de los océanos Índico y Pacífico que durante la década del 1990 escapó de un acuario de la Florida y/o fue liberado por aficionados a los peces de agua salada. Estudios de ADN sugieren que toda la población del Mar Caribe deriva de tres hembras. En cuestión de quince años el pez se ha reproducido y dispersado hasta convertirse en plaga de nuestros arrecifes coralinos.


El pez león tiene un apetito voraz y en poco tiempo puede acabar con los peces pequeños y crustáceos del arrecife, alterando significativamente la composición y el balance de las redes alimenticias. Por otro lado, los depredadores potenciales deben lidiar con las filas de espinas venenosas que rodean su cuerpo. Algunos biólogos catalogan la invasión de este pez como la más destructiva invasión de animales marinos en la historia, añadiendo que es posible que no haya remedio para resistir completamente la invasión. Hay una opción: las espinas son la única parte peligrosa, la carne es deliciosa. Así lo han demostrado los chefs de varios restaurantes de la costa oeste, donde se sirve pez león a una leal clientela de biólogos y otros curiosos.

Pterois volitans

Este pez llama mucho la atención por su color, sus aletas grandes y su peligrosidad. Tomé esta foto en el Acuario de Atlanta, luego de esperar pacientemente hasta que se despejara el lugar y no se vieran reflejos de turistas. Nikon D90, 105 mm macro, ISO 640,  1/80 s, f/3, luz natural.