Piojos

 
 

Los piojos atormentaron al hombre durante siglos, gracias al aseo deficiente, la costumbre familiar de compartir la cama y el uso de ropas que no se cambiaban ni se lavaban a menudo. Espulgarse era por lo tanto frecuente en todas las familias, siendo por lo general tarea de la madre o la abuela. Este ritual casi terminó a mediados del siglo pasado, cuando el uso de DDT y otros insecticidas redujo enormemente las poblaciones de piojos. Con la prohibición de aquellos plaguicidas la incidencia de piojos ha aumentado y hoy son otra vez comunes. Nuevamente están de moda las inspecciones, las peinillas finas y el champú contra piojos.


Hay dos subespecies de pijos: P. humanus capitis, que vive en la cabeza y oviposita en el pelo, y P. humanus corporis, que vive en el cuerpo y oviposita en la ropa. Son casi idénticas y ambas tienen las patas especializadas para agarrarse a nuestros pelos. El macho se distingue por su menor tamaño y porque la punta de su abdomen es redondeada en vez de bifurcada. Los huevos o liendres tardan como una semana en producir un piojo en miniatura, que crecerá y mudará tres veces el exoesqueleto para convertirse en adulto. Pediculus humanus sólo ataca personas, mientras que su pariente P. schaeffi sólo ataca chimpancés... evidencia adicional de nuestro obvio parentesco con los simios.

Colecté este ejemplar de una niña que era espulgada por su madre. Ésta es una de las fotos favoritas de los niños que visitan el Centro de Microscopia. Se las muestro,  les digo que es un piojo y disfruto sus caras de asombro. Microscopio electrónico JEOL 5410 LV.

Pediculus humanus