Querequequé

 
 

Varias de nuestras aves tienen nombres onomatopéyicos, es decir que derivan del canto que emite el pájaro. Ejemplos son el Bienteveo, el Jui, el Julián Chiví, el Pitirre y el Querequequé. El último sólo canta de abril a septiembre porque el resto del año lo pasa en Sudamérica. Y cuando está aquí sólo canta en la penumbra, poco después del amanecer y poco antes el atardecer, cuando abundan los insectos que captura con precisión en pleno vuelo. Su pico diminuto no guarda proporción con la boca, que abre muy grande para capturar e ingerir las presas. El macho es fácil de observar cuando durante el periodo de cortejo alza el vuelo y se tira en picada desde lo alto, una y otra vez hasta casi tocar el suelo.


El Querequequé anida en los cayos de la Florida, las Bahamas, a través de las Antillas Mayores y las Islas Vírgenes. Vive en áreas abiertas, bosques costeros, fincas y pastizales. Durante mayo y junio la hembra escarba una leve depresión en la gravilla del suelo y deposita uno o dos huevos con pintas, perfectamente camuflados entre las piedritas que los rodean. Los colores de la hembra también la camuflan perfectamente, de modo que si se mantiene quieta es casi imposible de detectar. Los pollitos nacen emplumados y pueden salir del nido poco después; es una estrategia necesaria para evadir las culebras, los lagartos y las ratas que rondan hambrientas por el suelo del bosque.

Logré retratar este ejemplar gracias a mi amigo Donato Seguí, quien lo descubrió en el Bosque de Susúa.  Se camufla tan bien que Donato apuntaba al ave  una y otra vez y yo no la veía. Nikon D90, 150-500 mm (290 mm), ISO 200,  1/320 s, f/14, flash equipado con “beamer”.

Chordeiles gundlachi