Control biológico

 
 

El control biológico usa enemigos naturales para regular las poblaciones de las plagas. Así llegó a Puerto Rico el sapo común, introducido durante la década del 1920 de Barbados y Jamaica para combatir al gusano blanco de la caña (Phyllophaga portoricensis). Las larvas de este escarabajo, muy común en toda la isla, se alimentaban vorazmente de las raíces de la caña, debilitando las plantas y reduciendo significativamente el rendimiento de azúcar. El resultado fue bueno para el cultivo de la caña, pero las consecuencias para otros miembros de nuestra fauna fueron seguramente adversas. Dicen algunas personas mayores que los cafetales se alumbraban con la luz de los cucubanos, hasta que llegó el sapo común.


Como sucede a menudo cuando una especie exótica llega a un lugar donde encuentra gran cantidad de alimento y pocos enemigos, la población del sapo experimentó una explosión demográfica. Proliferaron tanto que sus cuerpos aplastados abundaban en las carreteras. Los sapos, que son oportunistas y se alimentan de cualquier animal que les quepa en la boca, comenzaron a comer no sólo escarabajos sino otros insectos, artrópodos, animales pequeños y hasta sobras de comida alrededor de las casas. Con el tiempo la población de sapos irremediablemente disminuyó y hoy se mantiene en un nivel sostenible, muy por debajo del tope que alcanzó a mediados del siglo pasado.

Me encontraba  en una fiesta cuando varios niños llegaron alarmados por el enorme sapo que habían encontrado. Por suerte andaba con mi lente macro y logré tomarle varias fotos, incluyendo este acercamiento del ojo. Nikon D90, 105 mm macro, ISO 200,  1/160 s, f/13, flash de la cámara.

Rhinella marina