Picada de ciempiés

 
 

Muchas personas creen que los ciempiés pican con las patas traseras, porque cuando se les acorrala levantan la parte posterior del cuerpo y muestran el largo y puntiagudo último par de patas. Pero el peligro está en el extremo opuesto, justo detrás de la cabeza, donde el primer par de patas se ha convertido en un poderoso par de colmillos o pinzas. Dentro de cada colmillo hay una glándula que secreta una neurotoxina potente. Cuando el ciempiés pica, sus colmillos penetran el cuerpo de la presa, los músculos que rodean la glándulas se contraen y el veneno es expulsado por un canal que termina cerca de la punta del colmillo. La presa es rápidamente paralizada, ya no tiene escapatoria.


Las picadas de ciempiés eran comunes cuando la mayor parte de nuestra población vivía en casas de madera. Llegaban ocultos en un saco de yautías o en un racimo de plátanos y se escondían entre las tablas del piso o de las paredes. El doloroso encuentro sucedía cuando alguien pisaba descalzo al animal o se ponía un pantalón dentro del cual estaba el artrópodo oculto. La gritería y el corre-corre eran inmediatos. La toxina de nuestros ciempiés no es mortal, pero la picada es dolorosa y el veneno puede enrojecer y adormecer el área afectada.

Fotografié este ciempiés en Cueva Tuna, Cabo Rojo. Para captar la imagen con el único lente que tenía fue necesario acercarme mucho más de lo que parecía ser prudente, pero el animal estaba ocupado y me ignoró. Nikon D90, 105 mm macro, ISO 400,  1/125 s, f/14, flash anular.

Scolopendra angulata