La atracción de la fotografía otra vez
 

En la historia anterior comenté sobre la predisposición natural que tienen los niños de posar para las cámaras fotográficas, sin conocer al fotógrafo y sin preguntar luego por la foto. No son sólo los niños. Durante una visita a Las Piedras pasé cuatro veces frente este señor que mataba el tiempo sentado frente a la entrada de una vieja casa clausurada. Las primeras dos veces, presumiendo que pedía dinero, traté de ignorarlo y de no escuchar lo que decía. La tercera vez puse el oido y me di cuenta de que no pedía dinero... sino que le tomaran una fotografía. De regreso le pregunté, para estar seguro, e inmediatamente se enderezó y posó. Fue una plática de dos o tres segundos entre un sujeto y un fotógrafo que nunca jamás cruzarán camino.