Una cara de la Rogativa
 

Cuenta la historia que una noche de abril de 1797, ante la amenaza de las tropas inglesas que asediaban la ciudad de San Juan, el obispo de la ciudad organizó una rogativa o procesión religiosa durante la cual los ciudadanos marcharon por las calles de la ciudad rezando, cantando y portando antorchas. Dicen que los ingleses confundieron la procesión con la llegada de refuerzos militares y que al otro día por la mañana abandonaron el asedio. Esta historia fue plasmada por Lindsay Dean (1923-2001), escultor neozelandés residente en la Isla, en una bella escultura ubicada cerca de la Puerta de San Juan, donde aparece el obispo Juan Bautista de Zengotita Bengoa marchando con tres feligresas. Dean esculpió la obra para conmemorar el aniversario 450 de la ciudad de San Juan. Hoy la rogativa sigue marchando, pero estáticamente y en silencio, como testigo mudo del pasado de conflictos que dio origen al Puerto Rico de hoy.