Casa de otros tiempos
 

Es inevitable que aquellos que vivimos en la ciudad, rodeados de casas y edificios modernos, carreteras amplias, médicos en abundancia, teléfonos celulares, e Internet las veinticuatro horas, olvidemos cómo se vivía y cómo todavía viven algunos puertorriqueños lejos en la montaña. La sencillez de esta casa en la cordillera nos habla de otros tiempos, de una época menos compleja, sin tanto ruido, sin autopistas para movernos rápidamente, sin drogas ni tanta corrupción, pero con cielos negros para ver miles de estrellas, gallos que cantan en la madrugada, días claros con aire puro, espacio para jugar y tiempo para compartir con los vecinos. Tiempos mejores o peores, dependiendo del cristal con que se miren, pero tiempos que ciertamente se van para no volver.