La ceiba de Ponce
 
 

Un viaje de turismo interno a Ponce no está completo sin una visita a su legendaria ceiba. Ubicada en la Calle Comercio, cerca del puente sobre el amurallado Río Portugués, una corta estadía en el pequeño parque que la rodea es una oportunidad para compartir con un viejo árbol rico en leyendas. Sobre su edad, se ha dicho que era grande cuando llegó Colón. Un libro sugiere que la ceiba existía para 1696 y un mapa de 1818 indica que el árbol ya era bien conocido. Francisco Oller la pintó en el 1888 (La ceiba de Ponce- Museo de Arte de Ponce) y en el libro Our Islands and their People, publicado en 1902, hay dos fotos donde vemos soldados acampados cerca de su tronco. Sobre las leyendas, se dice que bajo su copa celebraban los taínos sus ritos religiosos y bailaban los esclavos al final de la cosecha. Se dice también que fue refugio de maleantes, escondite de enamorados y lugar de descanso para cocheros. Pero el tiempo no pasa en vano. Golpeada por numerosos huracanes, herida por podas agresivas y acorralada por el cemento, la legendaria ceiba siente el paso de los años.