Nuestra cotorra
 

Cuando Cristóbal Colón llegó a Puerto Rico, toda la isla estaba habitada por iguacas, el nombre que los taínos le daban a la cotorra puertorriqueña. Sin embargo, la destrucción de hábitat y la captura de polluelos redujeron la población hasta que en la década de 1960 sólo unas pocas sobrevivían en hábitat marginal en El Yunque. Los esfuerzos del Fish and Wildlife Service por reproducir las cotorras en cautiverio lograron mantener una población estable a través de los años. Más exitoso, sin embargo, ha sido el proyecto de recuperación del Departamento de Recursos Naturales en el Vivero José Vivaldi del Bosque de Río Abajo en Utuado. Bajo la experta y esmerada supervisión de Ricardo Valentín de la Rosa (quien sostiene la cotorra joven que vemos arriba), el proyecto  ha sido tan exitoso que ya se han liberado muchas cotorras al bosque para establecer una segunda población natural. Todos los puertorriqueños le deseamos el mayor de los éxitos a Ricardo y a sus cotorras. Okalá el cielo de nuestros bosques sea algún día poblado nuevamente por miles de iguacas.