Pailas
 
 

Los antiguos ingenios azucareros tenían, además del trapiche que molía la caña, una casa de calderas donde el jugo de la caña (guarapo o caldo) se evaporaba para concentrar el azúcar. En esta casa había una fila de cinco pailas de metal, de diferentes tamaños, que eran calentadas por fuego alimentado por leña, bagazo seco o carbón. Empleados diestros observaban el proceso de evaporación y movían el líquido de una paila a la próxima hasta producir melao y azúcar negra. La casa de calderas era un lugar sumamente caluroso. Quizás en aquel tiempo se originó la costumbre de mandar a los molestosos para las pailas del infierno, o para cierto otro lugar aparentemente no muy lejano.